Prácticas protocolarias de bioseguridad con sanitización y nebulizadores en rastros municipales

nebulizadores

Las condiciones de seguridad en lugares donde tratan animales de granja, para el posterior consumo humano, se deben manejar bajo estrictos protocolos de seguridad e higiene claro está, pero también con principios éticos en el trato del animal y en el producto para salvaguardar a los clientes, que precisan de esa carne.

Casos de clausura y pérdidas económicas, se han dado por irrespetar el punto más básico, la salubridad de las áreas. Estas al ser focos de infección de agentes patógenos esencialmente dañinos para el ser humano, pueden ser grandes diseminadores de pandemias, por el simple hecho de no mantener todas y cada una de las áreas, en estado higiénico. No solo es que se impregnen bacterias peligrosas en los alimentos, sino que los mismos trabajadores de esos rastros, al no tener una protección adecuada, puedan convertirse en contagiados potenciales, poniendo en riesgo su salud y la de los demás.

Entre más inocuo se ofrezca el producto, entonces supondrá más calidad en los servicios ofrecidos por estos entes, en todos aspectos. Toda zona de abastos con manejo de animales, deben contar con expertos en sanidad, cuyos procedimientos estandarizados de saneamiento, se apliquen a estas áreas críticas, a través de prevención de riesgos y sobre todo, limpieza integral con sanitización y desinfección a través de nebulizadores o herramientas similares, sumamente necesarias para la optimización de las prácticas en los rastros municipales.

Asimismo, existe una persona esencial en esta clase de establecimientos. El médico veterinario, es un pilar fundamental en la economía de este rubro productivo dentro de la sociedad, porque es el encargado de mantener en revisión exhaustiva la salud del animal, en su proceso de crianza y desarrollo para el posterior consumo. Es prácticamente el responsable de la seguridad pública en una población, al cual se le deben de dar todas las herramientas para su óptimo desempeño.

Una de las prácticas protocolarias más esenciales, es la detección de zonas de riesgo en rastros municipales. Poseer la bioseguridad necesaria en rastros, garantiza la calidad de todo lo que se hace ahí, incluyendo claro está, el resultado del producto final. Para dicha bioseguridad, se implican facetas específicas de trabajo, en la tarea de minimizar las posibilidades infecciosas en personal, civiles y el ambiente circundante en general, sobre todo en áreas de manipulación de alimentos.

La nebulización o purificación a través de mecanismos nebulizadores, resulta una tarea crítica en el mantenimiento de superficies y aire respirable en rastros municipales. No es solo tener una limpieza profunda mensual, bimestral o con periodos más prolongados de tiempo, donde se contrate personal especializado, sino que el mismo personal de planta, ya tenga facultad para manejar herramientas especiales para la sanitización de todo un rastro municipal, con calendarización más corta de intervalos de tiempo, para garantizar la bioseguridad de toda el área.

Las prácticas protocolarias de bioseguridad, abarcan tres áreas fundamentales, de donde las mismas, pueden ramificarse en otras zonas. Por ejemplo, en el lugar de producción, es esencial poner en práctica la higiene, tomando en cuenta la necesitada inocuidad de los alimentos. Asimismo, se debe tomar en cuenta los entornos con vegetación o plantas, garantizando la vitalidad y sanidad de las mismas, contemplando control de plagas y otras cuestiones dañinas para un entorno como tal. Otra área de relevancia, es la zoonosis en las áreas de animales, que al igual que las plantas, se debe asegurar vida y sanidad, cuidando los tratamientos en animales y otras facetas.

Asimismo, la bioseguridad se puede clasificar en estructural y operacional. La primera se atañe a las revisiones ingenieriles estandarizadas, de acuerdo al mantenimiento y diseños para establecer los protocolos más básicos. La segunda, también llamada bioseguridad ocupacional, se debe a las prácticas o conductas para minimizar el riesgo de infecciones y transmisión de microorganismos en los rastros municipales; obviamente se toma en cuenta la transportación, desembarques, y muchas otras cuestiones más.